Las comillas

Todos sabemos qué son y más o menos para qué sirven, ¿pero qué tan bien las empleamos? Hoy, en tres corrección de textos, vamos a hablar sobre las comillas.

En nuestra lengua existen tres tipos: las angulares, también llamadas latinas o españolas (« »), las inglesas (“ ”) y las simples (‘ ’). La Academia las prefiere en ese orden y con esa jerarquía, mas en América Latina las más usadas son las inglesas, seguramente porque están bastante más a mano en el teclado.

El primer y principal uso de este signo es indicar que se está reproduciendo literalmente una fuente, sea una persona, una publicación, etcétera. Esta cita puede ser considerable y ocupar incluso varios párrafos, lo que vendría a ser el estilo directo, o solo algunas palabras o expresiones, esto mediante el estilo indirecto. Veamos dos ejemplos (en el segundo se introducirá otro uso de las comillas, además):

Dice Calle 13: «Soy lo que dejaron, soy toda la sobra de lo que te robaron, un pueblo escondido en la cima. Mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima. Soy una fábrica de humo, mano de obra campesina para tu consumo, frente de frío en el medio del verano; el amor en los tiempos del cólera, mi hermano».

En su canción «Latinoamérica» la banda, hablando sobre su continente en primera persona, dice tener la piel de cuero para aguantar «cualquier clima» y ser «una fábrica de humo».

Un típico error relacionado a estos usos es mezclarlos (nótese que el asterisco, *, se emplea para indicar que una oración no es normativamente correcta, como ya lo hemos señalado en algún otro post):

*La canción dice que tiene la piel de cuero para «aguantar cualquier clima».

¡Ojo con eso que es super común encontrarlo!

Otra función de este signo, como vimos más arriba, es citar el título de artículos, poemas, capítulos de libros y básicamente cualquier parte dependiente dentro de una publicación. Del mismo modo, este uso es extensivo a otras artes, como la música o la pintura; el criterio a seguir es que la cursiva se emplea para el término más grande –el nombre de un libro, de un diario o una revista, de un disco musical, de una exposición artística, etcétera– y las comillas para sus partes.

Estoy leyendo el artículo «Cancha, pucho, carpa y otras palabras que usas a diario y que quizá no sabías que provienen del quechua» de Analía Llorente.

Mi canción preferida del disco Sur o no sur es «Sur o no sur», justamente.

En el segundo ejemplo el título del disco iría en cursiva, pero como en realidad ese tipo de letra se está empleando en toda la oración, y para que destaque, justamente, se apela a la redonda.

No es casualidad que hablando de este signo haya salido a colación la cursiva, pues con el tiempo las comillas han perdido algunos de sus usos ante ese resalte tipográfico, por ejemplo el de indicar que una palabra es impropia o vulgar o que se usa con un sentido especial; hoy es preferible poner en cursiva lo que a continuación aparece entrecomillado –o en redonda si fuera el caso, como sucede con los ejemplos–.

Afirmó que olía «bastante» bien.

Dijo que le dio una «propina».

Y también existe otra función para la que ahora se prefiere la cursiva: cuando en un texto se hace referencia a un término desde el punto de vista lingüístico:

La palabra «tres» es un monosílabo.

Al principio del post hablábamos de jerarquía, y con eso nos referíamos al orden que deben tener estos signos en enunciados que los emplean más de una vez, como en el siguiente ejemplo:

Recuerdo bien sus palabras: «Recuerda que tu abuelo decía que “todos somos iguales" y que “‘naides’ es más que ‘naides’”».

Ojalá esté claro y les haya gustado. Nuestra próxima entrega será sobre la cursiva y en ella intentaremos complementar varias de las cuestiones aquí iniciadas, pues ambos recursos, como se vio, tienen muchos puntos en común. Muchas gracias por seguirnos. Hasta pronto, que tengan un excelente fin de semana.

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